No podrán detener la primavera. Inocente, mi manera de contonearme ante ti; sutiles, tus acercamientos.
Los abrazos de bienvenida y aún más fuertes los de la despedida, sin saber cuándo serían los siguientes.
Era invierno, pero el escalofrío derritió el hielo.
Al cerrar los ojos visualizo el último que recuerdo, que no fue el más lejano de ellos.
Al poco tiempo, hablé de que me sentía atraída por ti.
Llegó el calor del verano, dejaste la sutileza y fuiste más perspicaz. No sé si eres consciente de lo que encontrarías al otro lado, pero me hiciste no solo mirarte de reojo de vez en cuando, sino mirarte de frente, querer descubrirlo todo, pasar horas en tu compañía: distante, pero más cercana de lo que había sentido jamás.
Septiembre llegó con su oh, Dios mío; las hojas no caían de los árboles.
Yo me sentía como si acabara de entrar la primavera con la llegada del otoño.

La conexión, cada vez más certera, sorprendente y apasionante, se metía en lo más profundo de mis sentidos y me hacía desearte.
Deseaba pasar horas mirándote; quizá alguna de ellas solo disfrutando del calor de tus brazos, piel con piel, sin miedos, con ganas de sentir ese instante.
Quería acariciar cada centímetro de tu piel, que mi cuerpo oliese a ti, acariciar tu sonrisa, no quedarme con las ganas y dejarme llevar a tu lado.
Si cerraba los ojos, casi podía sentir la suavidad de tus manos. Mientras tanto, eran las mías fusionándose con la imaginación, haciéndome mía, queriendo sentirme tuya, vibrando en la misma sintonía.
El encuentro se hizo realidad. Por un instante fuimos uno solo; las horas pasaban a gran velocidad, sin la posibilidad de detener el tiempo que nos mantuvo unidos.
De nuevo, el invierno vino en nuestra búsqueda y con el se congelaron los deseos.
La aplastante realidad me plantó cara, haciéndome consciente de que esta fantasía no era tangible: las ganas no estaban equilibradas, ni las posibilidades.
Más tristeza y vacío, que no compensaban los destellos de armonía y felicidad instantánea.
No quise hibernar mis sentimientos ni mis ganas, al ser consciente de que eso era lo único que me esperaba al otro lado.
Tú llegabas hasta ahí. Yo no podía conformarme solo con la fantasía y quedarme siempre esperando, queriendo más.
Esa lección ya la aprendí tiempo atrás.
Si no es correspondido, ahí no es.
Vuela. No te vuelvas a apagar ni te hagas pequeña para encajar. No podrán detener tu primavera moral.
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